Petra es la joya más preciada de Jordania, una de las maravillas del mundo antiguo y la simple razón por la que el viaje a este país ya vale la pena. Deslumbrante y opulenta en su época de esplendor hace dos mil años, cuando era la encrucijada de las principales rutas comerciales entre Asia y el Mediterráneo; ciudad perdida durante siglos para el mundo occidental; felizmente recuperada a principios del siglo XIX por el aventurero suizo Burckhardt. Su perfecta combinación de arquitectura prodigiosa tallada en la roca y espectacular entorno natural seguirá hechizando a cualquier viajero inquieto.

Al menos una vez en la vida, hay que visitarla.

1. EL HECHIZO DE LAS CIUDADES PERDIDAS

Aunque en los textos clásicos se la mencionaba, Petra dejó de figurar en los mapas durante siglos. Simplemente había desaparecido, sepultada por terremotos, el viento y las arenas. En realidad, los beduinos conservaban el secreto de su ubicación como oro en paño.

2. UNA CIUDAD TAN ANTIGUA COMO EL TIEMPO.

El área está habitada desde hace unos 10.000 años, aunque sus días de gloria no comienzan hasta mucho después, cuando los Nabateos la hicieron capital de su imperio en el siglo I a.C. Anexionada posteriormente al imperio romano, sufrió un terremoto en el siglo IV d.C. Pese a ser obispado durante la época bizantina, a la altura del siglo VIII estaba ya prácticamente abandonada.

3. LOS NABATEOS

Estos nómadas árabes que en el siglo IV a.C ya controlaban el comercio del incienso y las especias entre Arabia y Mesopotamia, especialmente dotados para el comercio y excelentes ingenieros hidráulicos, convirtieron una tierra árida y hostil en un opulento paraíso. Buena parte del hechizo de Petra reside en la fascinante historia del pueblo nabateo.

4. UNA ARQUITECTURA ECLÉCTICA ÚNICA EN EL MUNDO

Petra no fue sólo una encrucijada de intercambio de mercancías, sino también de ideas. Por ello la arquitectura de la ciudad recoge elementos de tradiciones artísticas diferentes: asirios, egipcios, babilónicos, helenísticos, romanos… Y todo ello aplicado sobre el mismo medio natural: la roca arenisca.

petra

5. EL ENCANTO Y EL MISTERIO DEL SIQ

Recorrer a pie, en caballo o en calesa el Siq, una angosta y sinuosa garganta de un kilómetro de longitud y rodeada de paredones de casi cien metros de altura, permite evocar las sensaciones que el viajero y espía Burckhardt experimentó a principios del siglo XIX cuando estaba a punto de redescubrir Petra.

6. EL TESORO Y MUCHO MÁS

La imagen más difundida de Petra, un imponente edificio de casi 40 metros de altura excavado en la roca, probablemente el mausoleo de un rey nabateo del siglo I d.C, es sólo el aperitivo del festín de historia y arqueología que aguarda al viajero de aquí en adelante y a lo largo de todo el valle: tumbas reales, templos, un teatro que surge de la propia roca viva, restos de urbanismo de época romana, un estupendo museo arqueológico, la fachada del vertiginoso Monasterio que domina el valle…

7. LOS COLORES DE LA PIEDRA

Rojo, ocre, gris azulado, blanco, amarillo… hasta nueve tonos se pueden extraer de las piedras de Petra. En algunas fachadas e interiores de los templos y viviendas, la combinación de colores en círculos concéntricos crea formas tan insólitas como artísticas.

8. LOS BEDUINOS

Guardianes del secreto de Petra durante siglos, habitaron las cuevas hasta la década de los 80 del siglo XX. Aunque desde entonces viven al norte del parque arqueológico, frecuentan a diario el recorrido turístico empleados en diversos oficios y suponen un atractivo más de la visita.

Petra fue declarada en 1985 por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

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